viernes, 4 de abril de 2008

 

Con el corazón en vilo

"Que también en mí había producido un fuerte impacto lo demostraron las numerosas alucinaciones auditivas que padecí; por culpa de ellas, el ruido causado por las ruedas de un vehículo al pasar a mi lado se transformaba en el aleteo fatal de aquella granada siniestra.

Ese sobresalto que cualquier ruido súbito e inesperado provocaba en nosotros fue, por lo demás, algo que nos acompañó durante toda la guerra. Ya fuese que pasara con estrépito un tren junto a nosotros, o que cayese al suelo un libro, o que un grito resonara en la noche, siempre se detenía un instante el corazón oprimido por el sentimiento de un peligro grande y desconocido. Era un indicio de que durante cuatro años estuvimos en la zona de sombra proyectada por la Muerte. Tan hondo fue el efecto causado por aquella vivencia en el oscuro territorio situado detrás de la consciencia que, cuando se producía una perturbación cualquiera de la normalidad, la Muerte salía de un salto a la puerta, como un portero que nos dirigiese amenazas, cual ocurre en esos relojes en cuya esfera aparece, al soñar cada hora, la Muerte con su reloj de arena y su guadaña".

Enrst Jünger, Tempestades de acero.

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