martes, febrero 27, 2007
Arioso
lunes, febrero 26, 2007
Chess Records

Hoy a las 20 horas, nueva entrega de Música Cósmica, programa de radio que puede escucharse en directo los lunes en Onda Latina (en el 87.6 de la FM madrileña, y a través de internet en http://www.ondalatina.tk) y en cualquier momento por medio de su propio Podcast: http://www.musicacosmica.com
Esta vez, como en otras ocasiones, el programa tratará de hacer un rápido pero selecto repaso a la producción de un sello discográfico. El elegido en este caso es Chess Records, creado en Chicago a mediados del siglo XX.

Este monográfico rinde homenaje a una casa discográfica fundamental en la historia de la música americana, como pone de manifiesto la impresionante lista de míticos cantantes que formaron parte de ella. Como muestra un botón:
Chuck Berry - Roll Over Beethoven
Muddy Waters - Blow Wind Blow
Fontella Bass - Rescue Me
The Flamingos - Would I Be Crying
Howlin’ Wolf - Shake It For Me
Koko Taylor - Wang Dang Doodle ( featuring Little Walter)
Etiquetas: Chess Records, Chuck Berry, Fontella Bass, Howlin' Wolf, Koko Taylor, Muddy Waters, Música, Música Cósmica, The Flamingos
domingo, febrero 25, 2007
Green Eyes
jueves, febrero 22, 2007
Más vale reir que llorar
El puente enigmático

Hace unos días Maite me propuso seguir un juego en el que ella se ha visto implicada: copiar las cinco primeras líneas de la página 123 del libro que estuviera leyendo. He aquí el resultado de mi partida:
"[...] Hace menos de un siglo no había adolescencia, se pasaba de la infancia a la edad adulta a los siete u ocho años, después de adquirir el uso de razón como por arte de magia. Hoy se reconoce que los adolescentes atraviesan un puente enigmático [...]".
Luis Rojas Marcos, La fuerza del optimismo, Aguilar, 2005.
Como entiendo que se trata de hacer una cadena, trato de sumar los siguientes eslabones: Jesús Jerónimo, Desconvencida, Pies Diminutos, Detective amaestrado y mi hermana Clara.
Imagen: Charles Lacoste, The Shadow Hand, 1896.
Etiquetas: Adolescencia, Juegos, Libros
viernes, febrero 16, 2007
Reconocimiento
Dixie Chicks - Not Ready To Make Nice
Dixie Chicks - Cowboy, take me away
Dixie Chicks - Goodbye Earl
Dixie Chicks - Top of the world
Dixie Chicks - The Long Way Around
Dixie Chicks - Wide Open Spaces
Dixie Chicks - Cowboy, take me away
Dixie Chicks - Goodbye Earl
Dixie Chicks - Top of the world
Dixie Chicks - The Long Way Around
Dixie Chicks - Wide Open Spaces
Etiquetas: Dixie Chicks, Grammy, Música
miércoles, febrero 14, 2007
I will always love you
Dolly Parton - I will always love you (1974)
If I should stay,
I would only be in your way.
So I'll go, but I know
I'll think of you ev'ry step of the way.
And I will always love you.
I will always love you.
You, my darling you. Hmmm.
Bittersweet memories
that is all I'm taking with me.
So, goodbye. Please, don't cry.
We both know I'm not what you, you need.
And I will always love you.
I will always love you.
(Instrumental solo)
I hope life treats you kind
And I hope you have all you've dreamed of.
And I wish to you, joy and happiness.
But above all this, I wish you love.
And I will always love you.
I will always love you.
I will always love you.
I will always love you.
I will always love you.
I, I will always love you.
You, darling, I love you.
Ooh, I'll always, I'll always love you.
Etiquetas: Amor, Dolly Parton, Música
martes, febrero 13, 2007
Intuir el espíritu
Nikolaus Harnoncourt & Vienna Philharmonic Orchestra plays Mozart Symphony No.41 "Jupiter" first half of 4th Movement. Live concert at the Suntory Hall, Tokyo, Japan in November 11th, 2006.
«La música, como cualquier arte, está directamente ligada a su tiempo, es únicamente la expresión viva de su tiempo, y sólo es entendida íntegramente por sus contemporáneos. Nuestra “comprensión” de la música antigua sólo nos permite intuir el espíritu a partir del cual surgió. Como vemos, la música se corresponde siempre con la situación espiritual de su tiempo».
Nikolaus Harnoncourt, La música como discurso sonoro. Hacia una nueva comprensión de la música, Barcelona, Ediciones El Acantilado, 2007.
Etiquetas: Libros, Mozart, Música, Nikolaus Harnoncourt
¡Arremangaos, que hay trabajo para todos!»
«Al principio, la Tierra estaba llena de fallos y fue una ardua tarea hacerla más habitable. No había puentes para atravesar los ríos. No había caminos para subir a los montes. ¿Quería uno sentarse? Ni siquiera un banquillo, ni sombra. ¿Se moría uno de sueño? No existían las camas. Ni zapatos ni botas para no pincharse los pies. No había gafas para los que veían poco. No había balones para jugar un partido; tampoco había ni ollas ni fuego para cocer los macarrones. No había nada de nada. Cero tras cero y basta. Sólo estaban los hombres, con dos brazos para trabajar, y así se pudo poner remedio a los fallos más grandes. Pero todavía quedan muchos por corregir: ¡arremangaos, que hay trabajo para todos!»
Gianni Rodari, "Historia Universal", en Cuentos por teléfono, Barcelona, Editorial Juventud, 1973.
Gianni Rodari, "Historia Universal", en Cuentos por teléfono, Barcelona, Editorial Juventud, 1973.
Etiquetas: Cuentos, Gianni Rodari, Libros
domingo, febrero 11, 2007
Los tuareg

¿Quién no ha sentido admiración o curiosidad en algún momento de su vida por los tuareg, también conocidos como los hombres azules o los señores del desierto?
Mi hermana mayor me trae un recorte de La Vanguardia del pasado 1 de febrero en el que se recoge una entrevista a Moussa Ag Assarid, un tuareg que aproximadamente tiene la misma edad que yo y que acaba de publicar un libro titulado En el desierto no hay atascos.
De dicha entrevista sobre todo me han llamado la atención los siguientes fragmentos:
[...]
- ¿De verdad tan silencioso es el desierto?
- Si estás a solas en aquel silencio, oyes el latido de tu propio corazón. No hay mejor lugar para hallarse a uno mismo.
- ¿Qué recuerdos de su niñez en el desierto conserva con mayor nitidez?
- Me despierto con el sol. Ahí están las cabras de mi padre. Ellas nos dan leche y carne, nosotros las llevamos a donde hay agua y hierba... Así hizo mi bisabuelo, y mi abuelo, y mi padre... Y yo. ¡No había otra cosa en el mundo más que eso, y yo era muy feliz en él!
- ¿Sí? No parece muy estimulante...
- Mucho. A los siete años ya te dejan alejarte del campamento, para lo que te enseñan las cosas importantes: a olisquear el aire, escuchar, aguzar la vista, orientarte por el sol y las estrellas... Y a dejarte llevar por el camello, si te pierdes: te llevará a donde hay agua.
- Saber eso es valioso, sin duda...
- Allí todo es simple y profundo. Hay muy pocas cosas, ¡y cada una tiene enorme valor!
- Entonces este mundo y aquél son muy diferentes, ¿no?
- Allí, cada pequeña cosa proporciona felicidad. Cada roce es valioso. ¡Sentimos una enorme alegría por el simple hecho de tocarnos, de estar juntos! Allí nadie sueña con llegar a ser,¡porque cada uno ya es!
[...]
- ¿De dónde salió esa pasión por la escuela?
- De que un par de años antes había pasado por el campamento el rally París-Dakar, y a una periodista se le cayó un libro de la mochila. Lo recogí y se lo di. Me lo regaló y me habló de aquel libro: El Principito. Y yo me prometí que un día sería capaz de leerlo...
- Y lo logró.
- Sí. Y así fue como logré una beca para estudiar en Francia.
- ¡Un tuareg en la universidad...!
- Ah, lo que más añoro aquí es la leche de camella... Y el fuego de leña. Y caminar descalzo sobre la arena cálida. Y las estrellas: allí las miramos cada noche, y cada estrella es distinta de otra, como es distinta cada cabra... Aquí, por la noche, miráis la tele.
- Sí... ¿Qué es lo que peor le parece de aquí?
- Tenéis de todo, pero no os basta. Os quejáis. ¡En Francia se pasan la vida quejándose! Os encadenáis de por vida a un banco, y hay ansia de poseer, frenesí, prisa... En el desierto no hay atascos, ¿y sabe por qué? ¡Porque allí nadie quiere adelantar a nadie!
- Reláteme un momento de felicidad intensa en su lejano desierto.
- Es cada día, dos horas antes de la puesta del sol: baja el calor, y el frío no ha llegado, y hombres y animales regresan lentamente al campamento y sus perfiles se recortan en un cielo rosa, azul, rojo, amarillo, verde...
- Fascinante, desde luego...
- Es un momento mágico... Entramos todos en la tienda y hervimos té. Sentados, en silencio, escuchamos el hervor... La calma nos invade a todos: los latidos del corazón se acompasan al pot-pot del hervor...
- Qué paz...
- Aquí tenéis reloj, allí tenemos tiempo.
Virginia, No One Can Warn You
sábado, febrero 10, 2007
Cazadores de imágenes

«Los cronistas de la conquista de África Negra
África Negra no existió hasta que fue contada. África Negra empezó a ser en el mundo occidental cuando los cronistas blancos la narraron. Aquel inmenso espacio central de un continente oscuro empezó a ser conquistado en el mismo momento en que fue descrito, dibujado, fotografiado y filmado. Las palabras, ideas, metáforas e imágenes blancas sustituyeron a las que allí existían. Más que comerciantes, negreros, militares, funcionarios, colonos o misioneros, fueron los cronistas los que conquistaron África Negra para Occidente. La colonización blanca de la parte negra de aquel inmenso continente avanzó al mismo tiempo que progresaron sus relatos. Primero fueron las descripciones de los viajeros, exploradores, sus crónicas o novelas. Luego, con el discurrir del siglo XIX, llegaron los artículos de prensa, las conferencias y debates en museos o sociedades científicas. A medida que los relatos sobre África Negra se hicieron más sofisticados y sus medios de difusión también, la colonización progresó. Los libros con notas y dibujos y los dossiers ilustrados dieron paso a las más atractivas representaciones gráficas que se habían desarrollado en los siglos XIX y XX: primero, la fotografía y, años después, el cine.
En menos de un siglo, los relatos sobre África Negra no sólo habían modificado las sociedades y culturas de aquellos pueblos, sino, también y principalmente, habían cambiado las mentalidades occidentales. Los cronistas de la conquista habían creado un sistema de imágenes, valores, símbolos, mitos y tópicos tan fuerte que aún hoy sigue vivo.
Las imágenes como trofeos de caza
¿Quién definió el imaginario occidental sobre África Negra? Es la pregunta que se hace Christraud M. Geary, antropólogo cultural y comisario del Museo Nacional de Arte Africano de Washington en el prólogo del catálogo editado para la magnífica exposición "In and Out of focus: Images From Central Africa, 1885-1960". Su respuesta nos la ofrece unas líneas después en el mismo texto. "Unos cuantos fotógrafos -escribe Geary- crearon esta ampliamente difundida y estéticamente conseguida imagen, la articularon y colmaron las expectativas de sus espectadores occidentales".
Así fue. Durante el siglo XIX las fotos de África Negra que se exponían en museos, sociedades e instituciones coloniales o científicas transmitían una sensación parecida a los trofeos que cuelgan "en la pared de la guarida de un cazador". Con esta lúcida imagen describe el investigador norteamericano de la Universidad de Yale, Paul S. Landau, la relación directa que durante muchos decenios hubo en África entre fotógrafos y cazadores. Nunca fue una relación casual. Landau, como Susan Sontag, destaca que caza y fotografía compartieron desde siempre tanto vocabularios como prácticas. Algunos de los mejores momentos de esta relación se vivieron en el África Negra colonial. Allí, el sentido profundo de expresiones como "disparar" o "capturar" imágenes, de poblaciones nativas negras o de impresionantes animales como elefantes, leones y gorilas, se hizo realidad como en ningún otro lugar del planeta. Durante muchos decenios cazadores blancos y fotógrafos coloniales compartieron espacios de trabajo, viajes, praxis y tecnología. Tanto unos como otros fueron decisivos para concebir la manera en la que los europeos se impusieron en África Negra durante los siglos XIX y XX. Tampoco se puede olvidar, como apunta con perspicacia Landau, que, paralelamente a aquella conquista, "la tecnología de la pistola y la de la cámara fotográfica evolucionan al unísono". Tal era la relación que, de hecho, tanto las cámaras fotográficas más innovadoras como las armas más sofisticadas, eran sometidas a prueba en condiciones difíciles por fotógrafos y cazadores coloniales africanos. En este sentido, tampoco conviene olvidar, como recuerda Landau, que la relación entre armas y cámaras se hizo tan evidente que las mejoras en los disparadores de las cámaras fotográficas se basaron explícitamente en el mecanismo del revólver Colt y que, posteriormente de forma parecida, las cámaras de cine se inspiraron directamente en los mecanismos desarrollados para las ametralladoras.
Las cámaras disparaban imágenes. Los dossiers ilustrados, postales, libros y revistas se llenaban de documentos visuales exóticos capturados en un África oscura que dejaba de serlo. Al tiempo que las cámaras de fotografía mejoraban, las reproducciones de fotos y postales africanas ganaban en calidad y atractivo comercial. Mientras, en paralelo y a petición de un público ávido de aventuras, la realidad colonial africana se convertía más en una ficción, en una invención. A finales del siglo XIX y principios del XX el proceso de construcción de un imaginario audiovisual africano para uso de occidentales recibió el empujón definitivo. Las innovaciones tecnológicas en fotografía, el aumento en número y calidad de los nuevos medios de comunicación masivos y la aparición de periódicos y revistas especializados multiplicaron el flujo de imágenes de África Negra que llegaban a Occidente. Los salones de unos públicos acomodados europeos y norteamericanos deseosos de aventura se llenaban de publicaciones repletas de imágenes africanas nuevas y atractivas. Ya no eran sólo trofeos de caza. Se habían convertido en un producto de consumo. Eran fotografías que, además, servían a los intereses estratégicos y comerciales de estamentos occidentales implicados en la conquista de África Negra. Desde políticos y altos funcionarios hasta empresas interesadas en la colonización y los nuevos medios de comunicación, todos ellos estaban interesados en utilizar en su beneficio aquellas fotografías africanas. La mezcla de aventura exótica y progreso colonial era muy bien recibida por un público occidental hambriento de imágenes y espectáculo.
Cazadores de imágenes a la conquista de África Negra
Si bien es cierto, como escribe Geary, que la imagen tópica de África Negra fue creada por los fotógrafos, la llegada del cinematógrafo cambió radicalmente las cosas. En pocos años, al igual que antes sucedió con las fotos, las exóticas imágenes africanas en movimiento se convirtieron en un producto de consumo masivo que podía llenar los cines. El hecho no pasó desapercibido a las autoridades metropolitanas, ni tampoco a los productores cinematográficos. Las primeras películas documentales con enfoques propagandistas o turísticos se empezaban a rodar en África. Aquel cine colonial primitivo, mezcla curiosa de entretenimiento popular y aventura exótica, se convirtió en pocos años en la forma de comunicación más poderosa y eficaz para convencer a los ciudadanos occidentales de las virtudes indiscutibles de la colonización. El cine documental colonial se granjeó el respeto y la aceptación de autoridades y espectadores. Había nacido un nuevo género. El coronel francés Jean Baptiste Marchand lo calificó en la revista "Le Film" del 7 de marzo de 1914 de "arma de colonización fundamental para la conquista de África". Funcionarios y autoridades coloniales belgas, francesas o británicas, entre otras, se percataron rápidamente del interés y el potencial que tenía el cine para justificar la aventura colonial. Se crearon agencias oficiales que empleaban a especialistas en cine con el objeto de difundir las ideas que convenían a la expansión colonial. Aquellos equipos de cineastas recibían el encargo de proporcionar información y entretenimiento exótico a un público metropolitano cada vez más amplio e interesado. Los espectadores, por su parte, apreciaban las películas de aventura colonial, decorado africano y protagonistas blancos. Personajes tan hábiles que superaban todo tipo de vicisitudes inherentes a la misión civilizadora que les había llevado a una tierra fascinante.
Durante la primera mitad del siglo XX equipos de cineastas franceses, británicos, alemanes, belgas y, en menor medida, italianos, portugueses o españoles eran enviados a las colonias africanas para retratar aquel universo. En su ensayo "L'exotisme au cinema" el escritor y crítico francés Pierre Leprohon los definió, en 1945, como "cazadores de imágenes a la conquista del mundo". En muchos casos, trabajaban por encargo de sus gobiernos y solían tener una doble misión: difundir los logros coloniales y, coincidiendo con la mejora de Ias comunicaciones con África, fomentar una creciente valoración turística de los atractivos naturales y cinegéticos de aquellos territorios. Así, los cazadores de imágenes a la conquista de África Negra, desde su condición de observadores privilegiados y de una manera consciente o no, construyeron una mirada creadora del estereotipo occidental del hombre negro contemporáneo.
¿Qué sentido puede tener hoy divulgar estas fotografías y películas? La respuesta a esta pregunta nos la ofrece Pascal Blanchard, un prestigioso historiador francés especialista en el estudio de estos materiales. "No es posible -escribe Blanchard-definir la importancia y la dimensión de la empresa colonial europea en África si no se muestra y estudia esta producción de imágenes". Para Blanchard, esconderlas o demonizarlas por su contenido ideológico -como se ha hecho en Europa durante decenios- permitirá mantener "zonas de sombra" que ayudarán a seguir con "la manipulación de las memorias". Por ello es importante, como apunta Blanchard, reconocer que, mientras de manera trabajosa y parcial, con muchas dificultades, los africanos negros, en mayor o menor medida, siguen con su difícil proceso de descolonización frente al neocolonialismo actual, los europeos "aún no han conseguido" descolonizar su imaginario sobre África. Sigue condicionado por los mismos valores, metáforas, ideas, falsedades y malos entendidos que existían en tiempos pasados. El audiovisual colonial sobre África Negra, después de años de desprecio y mala conciencia; de años en los que ha sido calificado de "pobre", "propagandista', "racista', "perverso" o "condenable al purgatorio", se revela hoy como una herramienta fundamental para iniciar la descolonización pendiente del imaginario blanco del continente negro. Así lo han entendido las nuevas generaciones de historiadores de la cultura, antropólogos visuales y estudiosos de las imágenes. También lo ven así algunos críticos de cine, del arte y profesionales del audiovisual que reconocen la gran importancia de estos novedosos estudios. Y es que el análisis, o tan sólo la mera contemplación de estas escenas, sugiere una gran variedad de ideas que trascienden la mentalidad imperialista del colonizador. Las obras de aquellos cazadores de imágenes a la conquista de África suelen estar llenas de una tensa contradicción provocada por la certidumbre de que aquel mundo ficticio -para consumo de occidentales- no podía durar: la utopía blanca sólo era posible en la gran pantalla o en las publicaciones impresas. Hoy, estas imágenes coloniales muestran, por ejemplo, como la mirada inventada sobre una realidad fue, a su vez, la sugestión inventora de un mundo. También evidencian el lugar exacto en el que nació eso que hoy se denomina globalización y que, en sus inicios, se llamó colonialismo: el descubrimiento del otro y su dominación, conquista y destrucción. El cine y la fotografía coloniales, mediante los estereotipos que hoy consideramos más vergonzantes, nos hablan de una memoria que no ha sido memorizada. También nos ayudan a reconocer las actitudes y mecanismos actuales que delatan esa forma no evidente de racismo enmascarado y mala conciencia que es el paternalismo. Una postura que identifica a muchos colectivos sociales y organismos de todo tipo que, hoy como ayer, tratan de civilizar las sociedades negras con ideas blancas.
Los trabajos audiovisuales europeos sobre las colonias pueden ser una de las claves para reflexionar sobre nuestra relación con África Negra, si tenemos en cuenta que hablan del otro en la misma medida que hablan del "nosotros". La historia se repite. La literatura, la pintura, el cine y la fotografía coloniales construyen una visión exótica del mundo negro gestada a partir de dualidades y opuestos que perduran en nuestro imaginario contemporáneo. En palabras de Pascal Blanchard: "naturaleza contra cultura; salvajismo frente a civilización; grupo contra individuo; religión contra ciencia" para acabar en el definitivo, “héroe colonial blanco frente a su figura invertida, el negro africano". Contemplar estas imágenes nos ayuda, en definitiva, a descubrir cómo, en el fondo, han perdurado las ideas coloniales sobre los africanos negros. De Richard Burton a Manuel Iradier; de "Tarzán" a "Mogambo"; de la CNN a los turistas disfrazados, los tópicos, mitos e ideas blancas, más o menos distorsionadas, llevan siglos inventando un África Negra que no existe más que en nuestros deseos».
Pere Ortín y Vic Pereiró, Mbini. Cazadores de imágenes en la Guinea colonial, Barcelona, We Are Here Films-Librería Altaïr, 2006, págs. 10-13.
viernes, febrero 09, 2007
This Guy's In Love With You
Herb Alpert - This Guy's In Love With You (1971)
You see this guy, this guy's in love with you
Yes I'm in love who looks at you the way I do
When you smile I can tell we know each other very well
How can I show you I'm glad I got to know you 'cause
I've heard some talk they say you think I'm fine
This guy's in love and what I'd do to make you mine
Tell me now is it so don't let me be the last to know
My hands are shakin' don't let my heart keep
breaking 'cause
I need your love, I want your love
Say you're in love, in love with this guy, if not
I'll just die
Tell me now is it so don't let me be the last to know
My hands are shakin' don't let my heart keep
breaking 'cause
I need your love, I want your love
Say you're in love, in love with this guy, if not
I'll just die
Sinceridad
«La manera de hablar y escribir que no pasará jamás de moda consiste en hablar y escribir con sinceridad. Quien escribe para sí mismo, escribe para un público eterno».
Ralph Waldo Emerson
Ralph Waldo Emerson
El ritmo de la lluvia
The Cascades - Rythm Of The Rain
Listen to the rhythm of the falling rain,
Telling me just what a fool I've been.
I wish that it would go and let me cry in vain,
And let me be alone again.
Now the only girl I've ever loved has gone away.
Looking for a brand new start!
But little does she know that when she left that day.
Along with her she took my heart.
Rain, please tell me, now does that seem fair
For her to steal my heart away when she don't care
I can't love another, when my heart's somewhere far away.
Rain, won't you tell her that I love her so
Please ask the sun to set her heart aglow
Rain in her heart and let the love we know start to grow.
jueves, febrero 08, 2007
La triste realidad
El principio democrático
«[...] el hecho que se ha mostrado claramente a todos los pensadores es que el principio democrático es un error: que los dogmas de la Revolución, Libertad y Fraternidad, contienen una contradicción, una blasfemia en contra de la Naturaleza eterna [...] La libertad, llevada a sus últimas consecuencias, repugna. [...] La igualdad es necesaria llevarla al absurdo para comprender que es una idea sin base ninguna... Respecto a la fraternidad, es un sueño hermoso, pero irrealizable, al menos por ahora.
Consecuencia de estos tres dogmas es la Democracia, la santa, la intangible Democracia [...] que tiende al dominio de la masa, al absolutismo del número, y que ya no tiene tantos partidarios como antes entre los hombres libres que piensan sin prejuicios… El número no podrá nunca ser una razón; podría serlo si la masa estuviera educada; pero para educarla alguno tiene que ser el educador y ese educador tiene que estar alto para imponer una enseñanza que quizá la misma masa rehusaría. Hoy todos los que no tenemos intereses ni aspiraciones políticas estamos convencidos de que la democracia y el sufragio son absurdos, y que un gran número de ineptos no ha de pensar y resolver mejor que un corto número de inteligentes».
José Martínez Ruiz (Azorín), La voluntad, 1902.
Consecuencia de estos tres dogmas es la Democracia, la santa, la intangible Democracia [...] que tiende al dominio de la masa, al absolutismo del número, y que ya no tiene tantos partidarios como antes entre los hombres libres que piensan sin prejuicios… El número no podrá nunca ser una razón; podría serlo si la masa estuviera educada; pero para educarla alguno tiene que ser el educador y ese educador tiene que estar alto para imponer una enseñanza que quizá la misma masa rehusaría. Hoy todos los que no tenemos intereses ni aspiraciones políticas estamos convencidos de que la democracia y el sufragio son absurdos, y que un gran número de ineptos no ha de pensar y resolver mejor que un corto número de inteligentes».
José Martínez Ruiz (Azorín), La voluntad, 1902.
miércoles, febrero 07, 2007
Flowers On The Wall
martes, febrero 06, 2007
Una obra de severa responsabilidad
«Mientras no se despierte en las entrañas de nuestro pueblo y en las clases todas, en las familias, la juventud, los Gobiernos, el profesorado (que no es donde menos falta hace), la conciencia de que la educación es una obra de severa responsabilidad, y no un asunto de declamaciones hipócritas, y de vulgaridades y lugares comunes, tiene escaso interés discutir cuáles son los más urgentes problemas que en este orden debieran acometer los Gobiernos.
Cuando aquel tiempo llegue, nos avergonzaremos sinceramente, y no por pura retórica, como hoy, de esa deuda de la primera enseñanza, que, excepto los interesados, nadie toma aquí en serio, sino que todo el mundo, y por tanto el Gobierno, la mira con la más salvaje indiferencia; y después de avergonzarnos, la pagaremos, que es muy otra cosa. Acabaremos con la reglamentación administrativa, con los exámenes, oposiciones y demás resortes exteriores mecánicos y falsos de nuestro régimen actual; y nos recogeremos a pensar, con la grave preocupación que merece, en esa obra interna de nuestra educación nacional, y en cuán lejos al comienzo de ella estamos todavía, y comprenderemos que es mucho menos lo que hay que reformar en la legislación que en los espíritus; y aprovecharemos más y más para ello el auxilio de otros pueblos menos infortunados, adonde, retórica y presunción aparte, tenemos que ir a aprender lo mucho que ignoramos; ¡pues aun lo propio nos lo tienen ellos que enseñar!, incluso verdadero amor a nuestro fin y al trabajo formal, sincero y concienzudo en su devoción y servicio. Libre y dueño de sí mismo, renacerá este órgano social de la educación, que ni siquiera es hoy cuerpo sin alma, sino un detritus atomístico y sentirá dentro de sí un principio de unidad y de paz entre todas las diversas tendencias sociales, escuelas, creencias, opiniones, que no será ya la mera tolerancia escéptica y al uso, ni la áspera resignación con que, a lo sumo, se sufren hoy unas a otras, tascando iracundas el freno, por no poder exterminarse; sino la convicción de la raíz común que a todas esas fuerzas sostiene, y de la necesaria cooperación de todos a esta obra nacional, tan delicada y compleja, ¡y para cuyas angustias, de cierto ninguna está de sobra!; cada una a su modo y por su camino, afirmará aquel elemento del ideal común que especialmente representa; y lo afirmará con vital entusiasmo, pero con leal modestia, humilde, pacífica, respetuosa, concorde y amistosa, para con los demás, iguales en dignidad, sin perder la conciencia de esa unidad cooperativa en la necesaria división social del trabajo.
Todo esto parece cosa lenta, ¿verdad?».
Francisco Giner de los Ríos, "Fragmento", en Ensayos menores sobre educación y enseñanza, Madrid, La Lectura, t. I, 1927, págs. 115-117.
Cuando aquel tiempo llegue, nos avergonzaremos sinceramente, y no por pura retórica, como hoy, de esa deuda de la primera enseñanza, que, excepto los interesados, nadie toma aquí en serio, sino que todo el mundo, y por tanto el Gobierno, la mira con la más salvaje indiferencia; y después de avergonzarnos, la pagaremos, que es muy otra cosa. Acabaremos con la reglamentación administrativa, con los exámenes, oposiciones y demás resortes exteriores mecánicos y falsos de nuestro régimen actual; y nos recogeremos a pensar, con la grave preocupación que merece, en esa obra interna de nuestra educación nacional, y en cuán lejos al comienzo de ella estamos todavía, y comprenderemos que es mucho menos lo que hay que reformar en la legislación que en los espíritus; y aprovecharemos más y más para ello el auxilio de otros pueblos menos infortunados, adonde, retórica y presunción aparte, tenemos que ir a aprender lo mucho que ignoramos; ¡pues aun lo propio nos lo tienen ellos que enseñar!, incluso verdadero amor a nuestro fin y al trabajo formal, sincero y concienzudo en su devoción y servicio. Libre y dueño de sí mismo, renacerá este órgano social de la educación, que ni siquiera es hoy cuerpo sin alma, sino un detritus atomístico y sentirá dentro de sí un principio de unidad y de paz entre todas las diversas tendencias sociales, escuelas, creencias, opiniones, que no será ya la mera tolerancia escéptica y al uso, ni la áspera resignación con que, a lo sumo, se sufren hoy unas a otras, tascando iracundas el freno, por no poder exterminarse; sino la convicción de la raíz común que a todas esas fuerzas sostiene, y de la necesaria cooperación de todos a esta obra nacional, tan delicada y compleja, ¡y para cuyas angustias, de cierto ninguna está de sobra!; cada una a su modo y por su camino, afirmará aquel elemento del ideal común que especialmente representa; y lo afirmará con vital entusiasmo, pero con leal modestia, humilde, pacífica, respetuosa, concorde y amistosa, para con los demás, iguales en dignidad, sin perder la conciencia de esa unidad cooperativa en la necesaria división social del trabajo.
Todo esto parece cosa lenta, ¿verdad?».
Francisco Giner de los Ríos, "Fragmento", en Ensayos menores sobre educación y enseñanza, Madrid, La Lectura, t. I, 1927, págs. 115-117.
lunes, febrero 05, 2007
Pesadillas duraderas
«La palabra "peste" acababa de ser pronunciada por primera vez. En este punto de la narración que deja a Bernard Rieux detrás de una ventana se permitirá el narrador que justifique la incertidumbre y la sorpresa del doctor puesto que, con pequeños matices, su reacción fue la misma que la de la mayor parte de nuestros conciudadanos. Las plagas, en efecto, son una cosa común, pero es difícil creer en las plagas cuando las ve uno caer sobre su cabeza. Ha habido en el mundo tantas pestes como guerras y, sin embargo, pestes y guerras cogen a las gentes siempre desprevenidas. El doctor Rieux estaba desprevenido como lo estaban nuestros ciudadanos, y por esto hay que comprender sus dudas. Por esto hay que comprender también que se callara, indeciso entre la inquietud y la confianza. Cuando estalla una guerra, las gentes se dicen: "Esto no puede durar, es demasiado estúpido". Y sin duda una guerra es evidentemente demasiado estúpida, pero eso no impide que dure. La estupidez insiste siempre, uno se daría cuenta de ello, si uno no pensara siempre en sí mismo. Nuestros conciudadanos, a este respecto, eran como todo el mundo; pensaban en ellos mismos; dicho de otro modo, eran humanidad, no creían en las plagas. La plaga no está hecha a la medida del hombre, por lo tanto el hombre se dice que la plaga es irreal, es un mal sueño que tiene que pasar. Pero no siempre pasa, y de mal sueño en mal sueño son los hombres los que pasan [...]».
Albert Camus, La Peste, 1947.
Albert Camus, La Peste, 1947.
sábado, febrero 03, 2007
Cuestión de detalles
«El bienestar de los hombres en un barco depende de tantas cosas que parecen insignificantes… Con una broma oportuna o con una palabra cariñosa se consigue de los marineros mucho más que con el látigo».
Frank Lloyd, Rebelión a bordo (Mutiny on the Bounty), 1935.
Frank Lloyd, Rebelión a bordo (Mutiny on the Bounty), 1935.
viernes, febrero 02, 2007
Huellas del pasado
Para siempre
«-No se empieza de nuevo. Ese es el quid. Cada paso que das es para siempre. No puedes eliminarlo. ¿Entiendes lo que te digo?
-Creo que sí.
-Ya sé que no pero deja que lo intente una vez más. Tú piensas que cuando te despiertas por la mañana el ayer no cuenta. Pero es todo lo que cuenta realmente. ¿Qué más hay? Tu vida se compone de los días de que está compuesta. Nada más».
Cormac McCarthy, No es país para viejos, Mondadori, 2006.
-Creo que sí.
-Ya sé que no pero deja que lo intente una vez más. Tú piensas que cuando te despiertas por la mañana el ayer no cuenta. Pero es todo lo que cuenta realmente. ¿Qué más hay? Tu vida se compone de los días de que está compuesta. Nada más».
Cormac McCarthy, No es país para viejos, Mondadori, 2006.
jueves, febrero 01, 2007
A tu alrededor

"Todo es música y todo es arte. Sólo hay que mirar y escuchar."
John Cage
Imagen: Man Ray, El violín de Ingres, 1924.



