viernes, 13 de abril de 2007

 

Los sueños de Lucrecia


«Fue en la primavera de 1980, mientras trabajaba en los archivos de la Inquisición española en Madrid, cuando leí por primera vez acerca de la detención hace casi cuatrocientos años de una joven madrileña de veintiún años, Lucrecia de León. En los documentos del archivo no se mencionaban las causas de su detención, pero el Santo Oficio acusaba a Lucrecia de haber "inventado" una serie de sueños que supuestamente contenían diversas proposiciones blasfemas y heréticas, así como declaraciones sediciosas que dañaban el honor y la reputación del monarca español, Felipe II. Mi interés por el caso de Lucrecia se avivó aún más por unas referencias a lo que los inquisidores describían como "registros de sueños", un conjunto de cuadernos que contenían transcripciones de los sueños de Lucrecia desde noviembre de 1587 hasta su detención dos años y medio después. Posteriormente descubrí que tales registros no habían sido escritos por Lucrecia, sino que ésta había dictado diariamente sus sueños a varios sacerdotes. De esta manera, se recopiló un registro de más de cuatrocientos sueños que con posterioridad fue confiscado por la Inquisición.

Los sueños de Lucrecia no son, al menos superficialmente, del tipo que interesaría a un psicoanalista freudiano. Algunos son innegablemente autobiográficos y con toda probabilidad pueden clasificarse como sueños que contienen "residuos del día"; que ofrecen una visión breve de sus actividades diarias. Otros pueden considerarse idénticos a la clase que Freud describe en su ensayo "Family Romances", ofreciendo algunas ideas fragmentarias sobre la personalidad y la psique de Lucrecia. Estos sugieren que, aunque iletrada, fue una brillante, inteligente y ambiciosa mujer frustrada por la incompetencia de su padre, solicitador que trabajaba en Madrid, a la hora de velar por el bienestar de su familia. Lucrecia estaba enfadada con su padre por no haberle sabido dar una dote, e incluso por no haberle ayudado a encontrar un marido apropiado. En los sueños, Felipe II ocupa el lugar del padre y, en un típico caso de trastorno edíptico, se convierte en el objeto de la cólera de Lucrecia, que le culpa repetidamente de no haber tomado las medidas necesarias para el matrimonio de su propia hija, la infanta Isabel. Sin embargo, en su mayoría los sueños de Lucrecia no ofrecen lo que Freud describió como "un camino ideal para el conocimiento de las actividades subconscientes de la mente", y no se prestan a un análisis psicobiográfico.

La importancia real de estos sueños reside más bien en su crítica social y política de la España de Felipe II, y este estudio los aborda como observaciones de acontecimientos históricos. Además de fracasar como padre, el monarca aparece en los sueños como el origen de todos los males que Lucrecia ven en España: una iglesia corrupta, impuestos opresivos, falta de justicia para con los pobres y una débil defensa nacional. Los sueños también advierten de la inminente "pérdida" o "destrucción" del reino, anunciando que los problemas de Felipe II empezarán con la derrota de la Gran Armada -desastre que Lucrecia predice casi un año antes de que la Armada Invencible parta para Inglaterra en 1588. En sus sueños también prevé que España pronto será invadida por sus enemigos, tanto musulmanes como protestantes, y sugiere que todas estas calamidades son un castigo divino provocado por la política errónea y las faltas personales de Felipe II. Lucrecia llea incluso a presagiar la muerte del rey y de su legítimo heredero, el infante Felipe, la extinción de la rama española de los Austrias y la llegada de una nueva monarquía[...]».

Richard L. Kagan, Los sueños de Lucrecia. Política y profecía en la España del siglo XVI, Editorial Nerea, 1991.

Imagen: Gustave Courbet, La hamaca, 1844.

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