miércoles, noviembre 29, 2006
El galán de la sonrisa pícara

Leo que justamente el 29 de noviembre se han cumplido 20 años de la desaparición de Cary Grant, sin lugar a dudas uno de los mejores actores de la historia del cine y también uno de mis favoritos.
Probablemente sea estúpido, además de prácticamente imposible, seleccionar una película, mucho menos una escena, para resumir una trayectoria tan brillante como la suya y recordarle en un día como hoy.
Simplemente démosle gracias, donde quiera que esté, por las joyas que nos ha regalado:
martes, noviembre 28, 2006
Sentido de la mesura

Desconvencida se nos marcha a Italia once días, en los que piensa visitar seis ciudades, entre ellas nada menos que Roma, Florencia y Venecia.
La verdad es que, sin querer alarmarla, temo por su salud. Una mujer con tanta sensibilidad y curiosidad ante tal cúmulo de bellezas en tan poco tiempo es una mezcla explosiva. Nuestra amiga es una buena candidata para padecer eso que se conoce como “mal del viajero romántico” o, más usualmente, “síndrome de Stendhal”.
Como cuenta Juan Bonilla, “esa exquisita enfermedad nació en la iglesia de la santa Croce y aquejó a Stendhal, encargado por tanto de prestar su apellido al mal. Tras un largo día paseando por Florencia, entrando en iglesias y museos, tratando de no perder detalle para alimentar su Diario, admirando tallas, estatuas, fachadas, cúpulas, frescos, repentinamente sintió una extraña angustia acompañada de vértigos. Recurrió a un médico que, tras tomarle el pulso y mirarle los globos blancos de los ojos, le dijo que padecía una sobredosis de belleza”.
Al parecer el síndrome de Stendhal es una enfermedad psicosomática que se traduce en trastornos de percepción y de la visión de la realidad, del estado de ánimo y crisis de pánico y ansiedad.
Espero que Desconvencida sepa reprimirse y que se lo tome con mucha calma; es decir, que tenga sentido de la mesura. En determinadas situaciones llega un momento en que lo mejor es echarse la manta a la cabeza o ponerse una venda en los ojos para evitar males mayores.
lunes, noviembre 27, 2006
Abre bien los ojos

«No es preciso aprender a escribir sino aprender a ver. Lo primero es consecuencia de lo segundo».
Antoine de Saint-Exupéry
Imagen: José de Ribera, "Estudio de ojos".
Pídeme que esté alegre

Aún me entra cielo azul,
y lo miro en mis charcos
reflejado a jirones.
Pídeme que esté alegre.
Si tú me lo pidieras,
en un caballo blanco subiría,
en un caballo bravo y montaraz.
Pídeme que esté alegre
y correré a ponerme
atavíos de fiesta,
abriré las cien puertas de mi casa
y saldré entre piruetas
y saltos de través
aturdida de sol,
y a las verdes palomas
daré migas de pan.
Pídeme que esté alegre.
En un caballo blanco correría,
en un caballo loco y montaraz,
si tú me lo pidieras.
Carmen Martín Gaite, "Pídeme que esté alegre", en Poemas, Barcelona, Plaza & Janés, 2001.
(Aquí se puede escuchar leído por la propia Carmiña)
sábado, noviembre 25, 2006
Take it to the limit
The Eagles interpretando "Take It to the Limit" de su album de 1975 One of These Nights en Houston (Texas) hace 30 años, en noviembre de 1976.
All alone at the end of the of the evening
And the bright lights have faded to blue
I was thinking ’bout a woman who might have
Loved me and I never knew
You know I’ve always been a dreamer
(spent my life running ’round)
And it’s so hard to change
(can’t seem to settle down)
But the dreams I’ve seen lately
Keep on turning out and burning out
And turning out the same
So put me on a highway
And show me a sign
And take it to the limit one more time
You can spend all your time making money
You can spend all your love making time
If it all fell to pieces tomorrow
Would you still be mine?
And when you’re looking for your freedom
(nobody seems to care)
And you can’t find the door
(can’t find it anywhere)
When there’s nothing to believe in
Still you’re coming back, you’re running back
You’re coming back for more
So put me on a highway
And show me a sign
And take it to the limit one more time
Take it to the limit
Take it to the limit
Take it to the limit one more time
All alone at the end of the of the evening
And the bright lights have faded to blue
I was thinking ’bout a woman who might have
Loved me and I never knew
You know I’ve always been a dreamer
(spent my life running ’round)
And it’s so hard to change
(can’t seem to settle down)
But the dreams I’ve seen lately
Keep on turning out and burning out
And turning out the same
So put me on a highway
And show me a sign
And take it to the limit one more time
You can spend all your time making money
You can spend all your love making time
If it all fell to pieces tomorrow
Would you still be mine?
And when you’re looking for your freedom
(nobody seems to care)
And you can’t find the door
(can’t find it anywhere)
When there’s nothing to believe in
Still you’re coming back, you’re running back
You’re coming back for more
So put me on a highway
And show me a sign
And take it to the limit one more time
Take it to the limit
Take it to the limit
Take it to the limit one more time
viernes, noviembre 24, 2006
Lecturas
Al parecer, dijo el gran Borges que uno no es lo que es por lo que escribe, sino por lo que ha leído.
Y en parte, aunque sólo en parte, no le falta razón.
Y en parte, aunque sólo en parte, no le falta razón.
La risa de los niños

«La risa de los niños es la alegría de la vida. Deben estar siempre de buen humor, y lo están siempre cuando se sienten fuertes y sanos. Alguna vez tienen derecho a ponerse serios; pocas, tristes; de mal humor, nunca. El mal humor, el enfado, no digamos la cólera, son como enfermedades que pudren la vida de los demás y la nuestra; ni siquiera las peores acciones han de irritarnos, sino movernos a compasión y auxilio para su remedio.
Por esto, ya hoy el maestro hace cuanto puede para mantener en los niños la animación, la serenidad, el buen humor, aun en los momentos en que hay que avivar en ellos, con mayor energía, el sentido del deber, que, si no lo tomásemos por el lado de nuestras debilidades y abandonos, jamás sería cosa desabrida.
La escuela triste, sin sol, sin horizonte, de espaldas al campo; el maestro triste, agrio, iracundo; la enseñanza triste, fría como cosa mecánica, a que hay que sujetarse por fuerza, van pasando, pasando...
La alegría y el bullicio del niño son cosa divina. Haced que duren, y animen, y calienten por todas partes, como un sol, el mundo.
Bienaventurada su sonrisa.
Apagarla es pecado».
Francisco Giner de los Ríos, "La alegría del niño", 1920.
lunes, noviembre 20, 2006
¿Quién es quién?

El pintor Ignacio de Zuloaga (1870-1945) tuvo a lo largo de su vida numerosas y renombradas amistades. Entre ellas se encuentran varios de los integrantes de la llamada Generación del 98 (Unamuno, Valle Inclán, Pío Baroja, Pérez de Ayala, Blasco Ibáñez), poetas como Juan Ramón Jiménez o Rainer María Rilke, filósofos como José Ortega y Gasset, médicos como Gregorio Marañón, toreros como Pablo Belmonte, músicos como Manuel de Falla o Isaac Albéniz, escultores como Auguste Rodin, Julio Beobide y Sebastián Miranda y pintores como Santiago Rusiñol, Julio Romero de Torres, Pablo Uranga, Pablo Picasso, Paul Guaguin, Henri de Toulouse-Lautrec, Vincent Van Gogh o Edgar Degas.
En su gigantesco dibujo de 2,5 m de alto por 3 m de ancho titulado Mis amigos, Zuloaga quiso reunir en un mismo cuadro, en el que invirtió dieciséis años sin conseguir terminarlo, a algunas de sus amistades del mundo intelectual y artístico de la primera mitad el siglo XX. En concreto, delante de la Visión del Apocalipsis (1608-1614) de El Greco, que pertenecía a Zuloaga, se muestran catorce figuras y una pajarita. ¿Quién es quién?
sábado, noviembre 18, 2006
Sin parar
La verdad es que llevo un par de semanas haciendo esto sin parar y, parece que no, pero es agotador...
(Dedicado a uno de mis ídolos de juventud, Jerry Lewis)
(Dedicado a uno de mis ídolos de juventud, Jerry Lewis)
Hay retratos, y retratos
Retrato de un caballero, 1587-1597.
«Todo retrato que se pinta con sentimiento es un retrato del artista, no del modelo. El modelo es simplemente el accidente, la ocasión. No es a él a quien revela el pintor; es en realidad el pintor quien se revela a sí mismo en el lienzo coloreado. El motivo de no exponer este cuadro es que temo haber desvelado el secreto de mi alma».
Oscar Wilde, El retrato de Dorian Gray, 1890.

Diego Velázquez, Juan de Pareja, 1649-1650.
viernes, noviembre 17, 2006
Con todos ustedes... Laura Veirs, from Seattle

Bueno, pues aprovechando que nos visita dentro de poco, aquí va una nueva recomendación. Que luego nadie me diga que no avisé…
En esta ocasión se trata de Laura Veirs, que estará, con su voz, su guitarra y su grupo de acompañamiento, The Tortured Souls, en Vigo (29 de noviembre, La Iguana), Madrid (30 de noviembre, Sala El Sol), Valencia (1 de diciembre, Loco Club), Barcelona (2 de diciembre, Primavera Club, aquí en solitario y en una actuación de unos 40 minutos) y Palma de Mallorca (3 de diciembre, Teatro Lloseta).
Esta versátil cantautora proveniente de Seattle (catalogada como indie pop, alt-country, folk-punk, etc.) empezó en esto de la música hace relativamente poco, cuando apenas tenía 19 años, tras abandonar sus estudios universitarios. Desde entonces ha progresado, y mucho, llegando a su madurez interpretativa a partir de su quinto disco, Carbon Glacier (2004).
En esta nueva visita a España Veirs presentará su último trabajo, Year Of Meteors.
Como siempre, mejor que leer lo que yo pueda decir acerca de un artista, es escucharle.
Aparte de la música que podéis encontrar en su web, os dejo con un concierto acústico (40 MB) y dos alucinantes vídeos musicales de su disco más reciente:
Laura Veirs – "Magnetized"
Laura Veirs - "Galaxies"
Adiós al "Cañoncito Pum Pum"

No es que sea yo especialmente futbolero, pero desde luego reconozco el mérito de algunos jugadores, sobre todo de antaño, los de "blanco y negro".
Hoy ha fallecido, a la edad de 70 años y tras haber estado muy mal desde hace bastante tiempo, el mejor jugador de fútbol de Hungría y uno de los mejores de toda la historia: Ferenc Purzceld, más conocido como Pancho Puskas.
Yo, por cuestión de edad, nunca le vi jugar. Pero he oído hablar de él desde que era un crío en innumerables ocasiones a mis tíos, de tal forma que es casi un mito para mi.
Si algo debe destacarse de este zurdo de oro, es que fue un goleador nato, dotado de un olfato increíble para meter la pelota entre los tres palos.
Antes de exiliarse debido a la invasión soviética que sufrió su país en 1956 había jugado 349 partidos de Liga marcando nada menos que 358 goles. Dos años después fue fichado por el Real Madrid, siendo fundamental en la consecución de la quinta Copa de Europa (1960) del equipo blanco gracias a sus cuatro goles. La primera mitad de los sesenta fueron unos años mágicos para ambos, jugador y equipo, siendo nombrado en sucesivas ocasiones el “pichichi” (máximo goleador) de la Liga española, y ganando varias ligas también de forma consecutiva. El balance de su paso por el Real Madrid fue de 324 goles en 372 partidos.
Hace una década la Federación Internacional de Historia y Estadística de Fútbol le proclamó “máximo goleador” del siglo XX, al sumar en su carrera 528 partidos y 512 goles, algo que, si se piensa bien, parece inigualable.
jueves, noviembre 16, 2006
La memoria

«La memoria que en la vida nos abandona con tanta frecuencia, en la muerte nos presta su abrigo, nos conforta, nos salva [...]. En una ocasión en que estuve a punto de morirme, empecé a recordarlo todo, involuntariamente, gozando en aquel trance de una rapidísima y completa visión de mi pasado, en la que los mayores detalles estaban enteros, con tanta mayor claridad era el agotamiento que me embargaba. Pero recordar con aquella fidelidad es imposible. Se precisaría por mi parte un casi total desfallecimiento. Algo he de hacer sin embargo, aprendiendo a morir a fuerza de recuerdos, aprendiendo a salvarme para poner a flote una vida ensombrecida por el tiempo. De niño me enseñaron a recordar [...]. Ningún campo tan grande como el de nuestra memoria. Recorrerlo es buscarse a sí mismo [...]. Voy, pues, a definirme, a dividirme en estas confesiones, olvidado del tiempo, sin señalar lugares, confundiendo los temas y alternaré los recuerdos más íntimos con involuntarios testimonios de mayores sucesos [...]».
Manuel Altolaguirre, El caballo griego. Reflexiones y recuerdos 1927-1958, Madrid, Visor, 2006.
miércoles, noviembre 15, 2006
Asciende, rueda, vuela

«Rueda que irás muy lejos.
Ala que irás muy alto.
Torre de día eres
del tiempo y del espacio.
Niño: ala, rueda, torre.
Pie. Pluma. Espuma. Rayo.
Ser como nunca ser.
Alborear del pájaro.
Eres mañana. Ven
con todo de la mano.
Eres mi ser que vuelve
hacia su ser más claro.
El universo eres
que gira esperanzado.
Pasión del movimiento:
la tierra es tu caballo.
Cabálgala. Domínala.
Y brotará en su casco
su piel de vida y muerte,
de sombra y luz piafando.
Asciende, rueda, vuela,
creador del alba y mayo.
Alumbra. Ven y colma
el fondo de mis brazos».
Miguel Hernández, "Niño", 1941.
(Tarjeta postal escrita e ilustrada desde la cárcel alicantina -en la que poco después moriría- para su segundo y único hijo, nacido en enero de 1939, como regalo de cumpleaños)
viernes, noviembre 10, 2006
Cuida bien de este día

Hace unos meses mantuve una entretenida conversación con una simpática nonagenaria acerca de uno los profesores que ella había tenido en el Instituto. Me llamó extraordinariamente la atención que pese al tiempo transcurrido recordaba con sumo detalle muchas cosas. Entre otras, unas palabras que me recitó de memoria, que les puso en el encerado e hizo escribir en sus cuadernillos dicho profesor a sus alumnos el último día de clase, muy poco antes del estallido de la Guerra Civil:
“Cuida bien de este día.
Este día es la Vida,
la esencia misma de la Vida.
En su leve transcurso
se encierran todas las posibilidades
y todas las realidades de la existencia:
El goce de la acción,
la dicha de crecer,
el placer de la esperanza.
El día de Ayer no es más que un sueño,
y el de mañana no es más que una esperanza,
pero un Hoy bien empleado,
hace de cada Ayer un sueño de Felicidad,
y de cada Mañana una visión de Esperanza.
¡Cuida, pues, bien de este día!”
Este texto, procedente al parecer de un poeta indio, a simple vista pudiera resultar hasta un tanto cursi, pero si se piensa detenidamente su significado, que es un sincero presente que un maestro les hace a sus alumnos, y además se tiene en cuenta lo que vivieron todos ellos de forma casi inmediata, me parece de una conmovedora hermosura y un valioso tesoro realmente inolvidable.
Imagen: Sophie Anderson, Portrait of a young lady, siglo XIX.
jueves, noviembre 09, 2006
Por encima del mar de niebla

Ahora mismo tengo una angustia terrible de no saber, que puede llegar a ser tan poderosa o más que la de saber.
Angustia de no saber qué ha sido de Pepe, un chaval con serios problemas de visión, que acaba de ser intervenido en la Ciudad Condal.
Hace unos días anunciaba: DENTRO DE POCO VOY A ESTAR PERDIDO DE AQUI, PERO NO DE VUESTROS CORAZONES, MI VELA VA A ESTAR ENCENDIDA, SIEMPRE, PORQUE AUNQUE ESTO ES SOLO MIO, LA SOLEDAD ES LA VIDA, SIENTO QUE ME DAIS BELLEZA, AMOR.
Ese es Pepe. PEPE DE LAS MONTAÑAS, DE OIR PAJARITOS, DE OLER A PINO, QUE VIVE EN UN PUEBLO DE ILUSIONES, PARA GRANDES Y XICOS, PARA TODO AQUEL QUE BUSCA DENTRO DE SI. Diría que es único e inimitable.
Hace ya tiempo que le conozco. Le veo asomarse a multitud de bitácoras con la intención de ponerte una sonrisa en la cara, darte un super abrazo gigante de ola, ya no de árbol, cantarte sin cantar, invitarte a dar un paseos, animarte a hacer un pudin de nueces, mandarte besos esponjosos que son duraderos y bonitos…
Bajo una redacción tosca y llena de faltas de ortografía se esconde un pedazo de pan. La gente al principio creía que estaba malhumorado o gritando porque escribía constantemente con mayúsculas. Poco hemos tardado aquellos que le leemos en darnos cuenta de que en realidad es suave y dulce, cálido pero refrescante, como la brisa marina un atardecer estival.
Pepe es, sin lugar a dudas, un gran luchador, un chaval con una vitalidad extraordinaria, impropia de su situación.
Es además muy agradecido: SOI AFORTUNADO PORQUE LEO COSAS, APRENDO, ME ABRO, Y DESEO TENER SIEMPRE LA VISTA PARA APRENDER DE TODOS, TODOS, SEAMOS COMO SEAMOS.
Y tremendamente sensible. Sufre de muchas cosas, entre ellas, creo yo, de soledad. Internet ha puesto a su alcance un mundo que le era desconocido por completo y que le encanta. Se trata de su FAMILIA CIBER, FAMILIA BUENA, FAMILIA EXTENSA EN ESTA ESPAÑA, EN ESTE MUNDO. ESTOY VIENDO COMO CONOZCO GENTE MUY GUAPA, Y ESO ME ENCANTA, PODER LEER Y VER EL MUNDO A TRAVES DE GENTE TAN DISTINTA DE MI APOCADA VIDA PUEBLERINA, Y DE MIS TEMAS MEDICINALES Y FAMILIARES, GRACIAS POR DAR VIDA A ESTA CASA MIA.
Pese a sus problemas, Pepe disfruta de la vida, del día a día, y valora las pequeñas cosas, esas que a muchas personas les parecen anodinas. CON ALEGRIAS Y PENAS, PERO VIVIDAS, VOY PILLANDO CACHITOS, ESTO ME ENCANTA, DE AQUI, DE ALLI, DE CASA, DE LA VIDA, DE UNA PIEDRA, DE FOTOS, DE FRASES, DE NOMBRES, LUZ DE AMOR, WOW¡¡LUZ DE VIDA, ALGO EN MI BROTA, CALLADO ESTOY, PERO GERMINA, WOW¡¡TOCARME MI CORAZON LATE, VIVO, SIENTO, ME DAN AMOR, SIN MAS, SOLO POR SER YO, POR LEERME, ALUCINO, MAGIA EN ESTADO PURO, OS ASEGURO QUE UN DIA MIO ES TRANQUILO, PERO BELLO, WOW ADORO LAPAZ, EL SER ESTABLE, NO TENER BAJONES, COMER, DORMIR, SOÑAR, PARLAR, TOCAR, BESAR.
Algo asustado, ante la incertidumbre que causa toda operación, decía: ESPERO QUE ME COJAIS UN POCO Y DEIS UN PENSAMIENTO, LO SENTIRÉ¡¡¡ Y ESO SERÁ MI SANACION RAPIDA.
Pues bien, por mí que no quede. He aquí mi super pensamiento sanador.
Pepe: confío en que no pierdas nunca la paciencia ni el entusiasmo. Y deseo de corazón que logres elevarte algún día por encima del mar de niebla en que vives envuelto y nos contemples a todos con gozo, ayudado por ese profundo sentido religioso que posees.
Como sé que una de tus grandes pasiones ES VER FOTOS, DE TODO TIPO, PERO SOBRE TODO DE ROSTROS, LOS OJOS ME ENAMORAN, LA SONRISA, LAS CEJAS, OREJAS, LA SERIEDAD, LOS RASGOS HUMANOS, TODO, venciendo mi enorme pudor he decidido regalarte en esta ocasión algo modesto pero muy especial, ni más ni menos que mi propio rostro, eso sí, visto a través del particular filtro de un grandísimo amigo.
Imagen: Caspar David Friedrich, Trotamundos por encima del mar de niebla, 1818.
miércoles, noviembre 08, 2006
Miranda mirando
Esta entrada es un homenaje nada disimulado a Paula (que no lo está pasando muy bien últimamente), con el deseo de que se mejore pronto y al menos se abstraiga de todo durante un ratillo, contemplando esta preciosidad, que tanto me la recuerda:

Probablemente la primera vez que vi este impresionante cuadro fue en la cubierta de un libro de Carmen Martín Gaite, La reina de las nieves (Anagrama, 1994). En seguida me quedé prendado por su fuerza y magnetismo y contribuyó sin duda a que acabara comprando dicha novela. Su autor es John William Waterhouse, pintor inglés nacido en Roma a mediados del siglo XIX y poseedor de una increíble sensibilidad.
Cuando estuve viviendo una temporada en Londres visité la Tate Gallery pensando que allí encontraría, entre otros muchos magníficos cuadros de Waterhouse, este Miranda - The Tempest (1916), pero resulta que pertenece a una colección privada.
Ilustra un pasaje de la famosa obra de Shakespeare La tempestad y es uno de los últimos cuadros hechos por Waterhouse, que falleció meses después de terminarlo.
Curiosamente, ya había representado este mismo tema en una de sus primeras pinturas, que ha sido descubierta recientemente tras haber estado perdida durante mucho tiempo y que también invita, como Paula, a la contemplación infinita:


Probablemente la primera vez que vi este impresionante cuadro fue en la cubierta de un libro de Carmen Martín Gaite, La reina de las nieves (Anagrama, 1994). En seguida me quedé prendado por su fuerza y magnetismo y contribuyó sin duda a que acabara comprando dicha novela. Su autor es John William Waterhouse, pintor inglés nacido en Roma a mediados del siglo XIX y poseedor de una increíble sensibilidad.
Cuando estuve viviendo una temporada en Londres visité la Tate Gallery pensando que allí encontraría, entre otros muchos magníficos cuadros de Waterhouse, este Miranda - The Tempest (1916), pero resulta que pertenece a una colección privada.
Ilustra un pasaje de la famosa obra de Shakespeare La tempestad y es uno de los últimos cuadros hechos por Waterhouse, que falleció meses después de terminarlo.
Curiosamente, ya había representado este mismo tema en una de sus primeras pinturas, que ha sido descubierta recientemente tras haber estado perdida durante mucho tiempo y que también invita, como Paula, a la contemplación infinita:

martes, noviembre 07, 2006
La muerte según Buñuel

"Desde hace algún tiempo, apunto en un cuaderno los nombres, de mis amigos desaparecidos. Llamo a ese cuaderno El libro de los muertos. Lo hojeo con bastante frecuencia. Contiene centenares de nombres, unos al lado de los otros, por orden alfabético. Solamente anoto los nombres de aquellos con los que he tenido, aunque sólo fuera una vez, un verdadero contacto humano, y los miembros del grupo surrealista están marcados con una cruz roja. 1977-1978 fue para el grupo un año fatal: Man Ray, Calder, Max Ernst y Prévert desaparecieron en pocos meses.
Algunos de mis amigos detestan este librito, temiendo, sin duda, figurar en él algún día. No pienso como ellos. Esta lista familiar me permite recordar a tal o cual personaje que, sin ello, habría caído en el olvido.
Una vez, me equivoqué. Mi hermana Conchita me comunicó la muerte de un escritor español mucho más joven que yo. Poco tiempo después, sentado en un café de Madrid, le veo cruzar la puerta y venir hacia mí. Por unos instantes, creí que iba a estrechar la mano de un fantasma.
Hace tiempo que el pensamiento de la muerte me es familiar. Desde los esqueletos paseados por las calles de Calanda en las procesiones de Semana Santa, la muerte forma parte de mi vida. Nunca he querido ignorarla, negarla. Pero no hay gran cosa que decir de la muerte cuando se es ateo como yo. Habrá que morir con el misterio. A veces me digo que quisiera saber, pero saber, ¿qué? No se sabe ni durante, ni después. Después del todo, la nada. Nada nos espera, sino la podredumbre, el olor dulzón de la eternidad. Tal vez me haga incinerar para evitar eso.
Sin embargo, me interrogo sobre la forma de esta muerte. A veces, por simple afán de distracción, pienso en nuestro viejo infierno. Se sabe que las llamas y los tridentes han desaparecido y que, para los teólogos modernos, no es más que la simple privación de la luz divina. Me veo flotando en una oscuridad eterna, con mi cuerpo, con todas mis fibras, que me serán necesarias para la resurrección final. De pronto, otro cuerpo choca conmigo en los espacios infernales. Se trata de un siamés muerto hace dos mil años al caer de un cocotero. Se aleja en las tinieblas. Transcurren millones de años, y, luego, siento otro golpe en la espalda. Es una cantinera de Napoleón. Y así sucesivamente. Me dejo llevar durante unos momentos por las angustiosas tinieblas de este nuevo infierno y, luego, vuelvo a la Tierra, donde estoy todavía.
Sin ilusión sobre la muerte, a veces me interrogo, no obstante, por las formas que puede adoptar. Me digo a veces que una muerte repentina es admirable, como la de mi amigo Max Aub, que murió de pronto mientras jugaba a cartas. Pero, de ordinario, mis preferencias se dirigen a una muerte más lenta, más esperada, permitiendo saludar por última vez a toda la vida que hemos conocido. Desde hace varios años, cada vez que abandono un lugar que conozco bien, donde he vivido y trabajado, que ha formado parte de mí mismo, como París, Madrid, Toledo, El Paular, San José Purúa, me detengo un instante para decir adiós a ese lugar. Me dirijo a él, digo, por ejemplo: «Adiós, San José. Aquí conocí momentos felices. Sin ti, mi vida hubiera sido diferente. Ahora, me voy, no te volveré a ver, tú continuarás sin mí, te digo adiós». Digo adiós a todo, a las montañas, a la fuente, a los árboles y a las ranas.
Claro está que a veces regreso a un lugar del que ya me he despedido. Pero no importa. Al marcharme, le saludo por segunda vez.
Así es como quisiera morir, sabiendo que, esta vez, no volveré. Cuando, desde hace algunos años, me preguntan por qué viajo cada vez menos, por qué no voy a Europa sino muy raramente, respondo: «Por miedo a la muerte». Me responden que hay tantas probabilidades de morir aquí como allí, y yo digo: «No es el miedo a la muerte en general. Usted no me comprende. En realidad, me da igual morir. Pero que no sea durante un traslado». Para mí, la muerte atroz es la que sobreviene en una habitación de hotel, en medio de maletas abiertas y, de papeles desordenados.
Igualmente atroz, y quizá peor, me parece la muerte largo tiempo diferida por las técnicas médicas, esa muerte que no acaba. En nombre del juramento de Hipócrates, que coloca por encima de todo el respeto a la vida humana, los médicos han creado la más refinada de las torturas modernas: la supervivencia. Eso me parece criminal. Yo he llegado a compadecer a Franco, a quien se mantuvo artificialmente vivo durante meses, a costa de sufrimientos increíbles. ¿Para qué? Si bien es cierto que los médicos nos ayudan en ocasiones, la mayor parte de las veces son moneymakers, hacedores de dinero sometidos a la ciencia y el horror de la tecnología. Que se nos deje morir, llegado el momento, e, incluso, que se nos dé un empujoncito para partir más aprisa.
Dentro de muy poco tiempo, estoy convencido de ello, lo espero, una ley autorizará la eutanasia bajo ciertas condiciones. El respeto a la vida humana no tiene sentido cuando conduce a un largo suplicio para el que se va y para los que se quedan.
Al aproximarse mi último suspiro, imagino con frecuencia una última broma. Hago llamar a aquellos de mis viejos amigos que son ateos convencidos como yo. Entristecidos, se colocan alrededor de mi lecho. Llega entonces un sacerdote al que yo he mandado llamar. Con gran escándalo de mis amigos, me confieso, pido la absolución de todos mis pecados y recibo la Extremaunción. Después de lo cual, me vuelvo de lado y muero. Pero, ¿se tendrán fuerzas para bromear en ese momento?
Una cosa lamento: no saber lo que va a pasar. Abandonar el mundo en pleno movimiento, como en medio de un folletín. Yo creo que esta curiosidad por lo que suceda después de la muerte no existía antaño, o existía menos, en un mundo que no cambiaba apenas. Una confesión: pese a mi odio a la información, me gustaría poder levantarme de entre los muertos cada diez años, llegarme hasta un quiosco y comprar varios periódicos. No pediría nada más. Con mis periódicos bajo el brazo, pálido, rozando las paredes, regresaría al cementerio y leería los desastres del mundo antes de volverme a dormir, satisfecho, en el refugio tranquilizador de la tumba".
Buñuel, Luis y Carrière, Jean-Claude: Mon dernier soupir, Éditions Robert Laffont, París, 1982. Edición española titulada Mi último suspiro, Random House Mondadori, colección Debolsillo, 1982. Traducido por Ana María Fuente.
Imagen: Steenwijck, Emblema de la muerte.
La vejez según Buñuel

"Yo nací en el amanecer de este siglo, que, a veces, me parece un instante. A medida que los años pasan, transcurren más deprisa. Cuando hablo de acontecimientos de mi juventud que me parecen todavía próximos, me veo obligado a decir: «Eso era hace cincuenta o sesenta años». En otros momentos, la vida me parece larga. Este niño, este joven que hacía esto, que hacía aquello, me parece que no era yo.
En 1975, encontrándome en Nueva York con Silberman, lo llevé a un restaurante italiano que yo frecuentaba treinta y cinco años antes. El dueño había muerto, pero su mujer me reconoció enseguida, me saludó, nos hizo sentarnos. Impresión de haber comido allí unos días antes. El tiempo no es siempre el mismo.
En cuanto a decir que el mundo ha cambiado desde que yo abrí los ojos, ¿para qué insistir?
Hasta los setenta y cinco años no he detestado la vejez. Incluso encontraba en ella una cierta satisfacción, una calma nueva y apreciaba como una liberación la desaparición del deseo sexual y de todos los demás deseos. No ambiciono nada, ni una casa a orillas del mar, ni un Rolls Royce, ni, sobre todo, objetos de arte. Me digo, renegando de los gritos de mi juventud: «¡Abajo el amor desenfrenado! ¡Viva la amistad!».
Hasta los setenta y cinco años, cuando veía un hombre muy viejo y muy débil en la calle o en el vestíbulo de un hotel, decía al amigo que se encontraba conmigo: «¿Has visto a Buñuel? ¡Increíble! ¡El año pasado estaba todavía tan fuerte... ¡Qué ruina!». Leía y releía La vejez, de Simone de Beauvior, libro que me parece admirable. Por el pudor de la edad, no me exhibía en traje de baño en las piscinas, viajaba cada vez menos, pero mi vida se mantenía activa y equilibrada. Hice mi última película a los setenta y siete años.
Después, en los cinco últimos años, ha empezado verdaderamente la vejez. Me han asaltado diversas afecciones, sin gravedad extrema. He empezado a quejarme de las piernas, antaño tan fuertes, luego de los ojos e, incluso, de la cabeza (olvidos frecuentes, falta de coordinación). En 1979, por un problema de vesícula, tuve que pasar tres días en el hospital, alimentado con suero. El hospital me horroriza. El tercer día, arranqué los hilos y los tubos y me fui a casa. En 1980 me operaron de la próstata. En 1981, de nuevo esta vesícula. Mi salud se ve rodeada de amenazas. Y soy consciente de mi decrepitud.
Puedo establecer fácilmente mi diagnóstico. Soy viejo, ésa es mi principal enfermedad. Sólo me siento bien en mi casa, fiel a mi rutina cotidiana. Me levanto, tomo un café, hago media hora de ejercicio, me lavo, tomo otro café mientras como alguna cosa. Son las nueve y media o las diez. Salgo a dar una vuelta a la manzana, y luego me aburro hasta mediodía. Mis ojos son débiles. No puedo leer más que con una lupa y una iluminación especial, lo que me fatiga muy pronto. Mi sordera me impide desde hace tiempo escuchar música. Entonces espero, reflexiono, recuerdo, animado de una loca impaciencia, echando frecuentes miradas al reloj.
Mediodía es la hora sagrada del aperitivo, que tomo muy lentamente en mi despacho. Después de comer, descabezo un sueñecito en un sillón, hasta las tres. De tres a cinco es el momento en que más me aburro. Leo algunas líneas, contesto una carta, toco los objetos. A partir de las cinco, mis miradas al reloj se multiplican: ¿cuánto tiempo me queda antes del segundo aperitivo, que tomo siempre a las seis? A veces, escamoteo un cuarto de hora. En ocasiones también, recibo a algunos amigos a partir de las cinco, charlo con ellos. Cenar a las siete con mi mujer y acostarme muy temprano.
No he ido al cine desde hace cuatro años, a causa de mi vista, de mi oído, de mi horror a la circulación, de la multitud, y nunca veo la televisión.
A veces, transcurre una semana entera sin que reciba ninguna visita.
Me siento abandonado. Entonces, llega alguien a quien no esperaba, a quien no he visto desde hace algún tiempo. Al día siguiente, cuatro o cinco amigos vienen a verme a la vez, pasan una hora. Entre ellos, Alcoriza, que antaño trabajó conmigo como guionista. Y Juan Ibáñez, nuestro mejor director teatral, que bebe coñac a todas horas. Y también el padre Julián, un dominico moderno, excelente pintor y grabador, autor de dos singulares películas. En varias ocasiones hemos charlado sobre la fe y la existencia de Dios. Como en mi casa tropieza con un ateísmo sin fisuras, un día me dijo:
-Antes de conocerlo, había veces en que sentía vacilar mi fe. Desde que hablamos juntos, se ha reafirmado.
-Yo puedo decir otro tanto de mi incredulidad. ¡Pero si Prévert y Péret me viesen en compañía de un dominico!...
En medio de esta existencia mecánica y minuciosamente reglamentada, la redacción de este libro, con la ayuda de Carriére, ha constituido una efímera revolución. No me quejo de ello. Eso me ha permitido no cerrar por completo la puerta".
Buñuel, Luis y Carrière, Jean-Claude: Mon dernier soupir, Éditions Robert Laffont, París, 1982. Edición española titulada Mi último suspiro, Random House Mondadori, colección Debolsillo, 1982. Traducido por Ana María Fuente.
Imagen: Ignacio Díaz Olano, Anciano, 1894
sábado, noviembre 04, 2006
Josh Rouse de gira
La semana que viene Josh Rouse visitará Madrid (día 7, Sala El Sol), Guadalajara (8, Teatro), Zaragoza (9, Centro Cívico), Valencia (10, Loco Club) y Barcelona (11, Sala Bikini). Si ya le conoces, y vives en alguna de esas ciudades, o en los alrededores, seguro que tratarás de verle, pues sabes que merece la pena. Si, por el contrario, no te suena de nada, has tenido suerte al dejarte caer por aquí, pues te voy a poner algo de su música, y si te gusta, todavía estás a tiempo para sacar una entrada. Pero tranquilo, si estás tan ocupado como yo últimamente, o andas fatal de pelas, seguro que tienes una nueva oportunidad dentro de poco. Y es que Josh Rouse es un cantautor de origen norteamericano que lleva ya un tiempo residiendo en nuestro país. Sí, has leído bien, en España, concretamente en Valencia.
Rouse nació en Nebraska (su primer disco se titula “Dressed Up Like Nebraska”) en 1972 (nombre de su quinto y para mí mejor trabajo). Ha viajado mucho y vivido en muchos lugares de los Estados Unidos, entre ellos la mítica ciudad de Nashville (otro de sus discos), donde aprendió gran parte de lo que sabe de la mano de otro estimable artista independiente, Kurt Wagner (de Lambchop) y de donde huyó para recaer en Altea, localidad a la que dedica una canción, “Quiet town”, en su último album “Subtítulo”.
Hay quien le llama pop, folk, soft-rock, alt country, música de raíces, etc., a lo que hace. Poco me importan las etiquetas, el caso es que me hace pasar un buen rato. Dice que le gusta hacer canciones sencillas, generalmente tristes y atemporales, con algún ingrediente personal.
“Sad Eyes” (Nashville)
*Lo siento, no he encontrado ningún vídeo mejor.
“Quiet Town” (Subtítulo)
*Vídeo musical.
“Love Vibration” (1972)
*Actuación en directo y en solitario en España.
“It Looks Like Love” (Subtítulo)
*Actuación en directo y en solitario en España.
Rouse nació en Nebraska (su primer disco se titula “Dressed Up Like Nebraska”) en 1972 (nombre de su quinto y para mí mejor trabajo). Ha viajado mucho y vivido en muchos lugares de los Estados Unidos, entre ellos la mítica ciudad de Nashville (otro de sus discos), donde aprendió gran parte de lo que sabe de la mano de otro estimable artista independiente, Kurt Wagner (de Lambchop) y de donde huyó para recaer en Altea, localidad a la que dedica una canción, “Quiet town”, en su último album “Subtítulo”.
Hay quien le llama pop, folk, soft-rock, alt country, música de raíces, etc., a lo que hace. Poco me importan las etiquetas, el caso es que me hace pasar un buen rato. Dice que le gusta hacer canciones sencillas, generalmente tristes y atemporales, con algún ingrediente personal.
“Sad Eyes” (Nashville)
*Lo siento, no he encontrado ningún vídeo mejor.
“Quiet Town” (Subtítulo)
*Vídeo musical.
“Love Vibration” (1972)
*Actuación en directo y en solitario en España.
“It Looks Like Love” (Subtítulo)
*Actuación en directo y en solitario en España.
Yo te quiero tal y como estás
En estos días, en que apenas tengo tiempo para respirar, quisiera al menos dedicarle un vídeo a mi chica, que sé que le gusta y divierte, además de recordarle el concierto al que la invité hace poco para celebrar que llevamos juntos casi la mitad de nuestras vidas:


